El año pasado me propusieron adaptar el cuento “La reina de las nieves” de Andersen para chicos/as de 6 años. ¡Sí, el de Frozen! Hace poco llegó a mis manos y recordé cómo fue el proceso de escritura. Me gustaría compartirlo con vos, porque creo que esta información no abunda y es súper necesaria cuando estamos aprendiendo a escribir.

El título del post es “Cómo ADAPTÉ un cuento infantil” y no “Cómo ADAPTAR un cuento infantil” porque se trata de mi experiencia particular. Podría sintetizar el proceso si tuviera muchísima experiencia adaptando. Yo creo que las recetas son sólo eso: síntesis de la experiencia. Y la teoría también. No es aconsejable tomarla a rajatabla.

Sin más cháchara, te cuento los desafíos que encontré:

Primer desafío: la extensión

El cuento original tiene veintipico de páginas y yo tenía que resolverlo en ¡tres!

Segundo desafío: la complejidad

Si leés el original, vas a ver que empieza con la historia de un duende diabólico. El duende fabrica un espejo que muestra lo malo peor de lo que es y lo bueno, monstruoso. Se divierte mirando las transformaciones en el espejo. Se da cuenta de que cuanto más bondadosa es una persona, más deformada aparece. Entonces decide subir al cielo y reflejar a los ángeles. El espejo se deforma tan violentamente que explota, y los pedazos de vidrio vuelan por los aires y se clavan en las personas, que pasan a ver todo negro, hechizados por el duende.

Pero después empieza la historia de los hermanos Kay y Gerda y aparece otro origen del maleficio: resulta que la Reina de las Nieves miró fijo a Kay y se le clavó una astilla en el ojo y otra en el corazón. ¡Pero los dos orígenes no se relacionan en la historia! El duende y la reina nunca aparecen juntos.

Tercer desafío: el registro

Nunca había escrito para chicos/as antes y resulta que hay un montón de cuestiones de registro que la editorial pide como condición “para que lo entiendan”. En mi opinión es un poco exagerado, me da la impresión de que subestiman a los/as pequeños/as lectores. Para que tengas una idea, me pidieron:

-oraciones de una línea.

-párrafos de tres líneas como máximo.

-usar verbos simples, no perífrasis verbales. Es decir, escribir “caminó” en lugar de “salió a caminar” o “corría” en lugar de “había corrido”.

-palabras simples. (Muy subjetivo, ¿no?)

-usar coordinación y no subordinación. Es decir, escribir “llegó a su casa y descansó” en lugar de “cuando llegó a su casa, descansó”.

Con respecto al proceso de escritura, si tuviera que hacerlo de nuevo, seguiría estos pasos:

1. Puntear las acciones del cuento.

2. Identificar las fuerzas en conflicto. En este caso, la razón vs. la intuición.

3. Simplificar la trama. Dejar sólo las acciones y los personajes principales.

4. Conectarme con la historia. Nutrirme de imágenes.

5. Escribir pensando en los/as peques.

6. Sintetizar lo máximo posible.

7. Simplificar el registro.

8. Leer en voz alta y corregir por sonoridad.

Pero, en realidad, lo que hice fue:

1. Conectarme con la historia. Nutrirme de imágenes.

2. Engolosinarme con la historia del duende, que me pega mucho por el tema del gollum (Si no sabés de qué hablo, podés mirar este video: https://www.instagram.com/tv/BqKu2C5FBEY)

3. Borrar lo del duende, a pedido de mi editor.

4. Escribir 3 veces más, con idas y vueltas al editor, el primer capítulo donde presento a los protagonistas.

5. Escribir el resto de la historia y darme cuenta de que hay demasiados personajes.

6. Eliminar algunos personajes y hacer “dos en uno” con otros.

7. Sintetizar y simplificar el registro.

8. Leer en voz alta y corregir por sonoridad.

Lo que quiero demostrar con esto es que nunca se sabe cómo se escribe un texto hasta que ya está escrito. Es probable que en este caso haya algo de primera vez, porque me falta oficio: seguramente la adaptación número veinticinco me va a salir de taquito. Creo profundamente en el poder de la práctica.

Además, en las dos listas de pasos hay dos estilos bien diferentes en cuanto al proceso: en el primero, predomina el plan. En el segundo, el impulso. Los dos son correctos. Pero, para empezar a escribir, yo siempre recomiendo arrancar de una manera tentativa, más fluida, por impulso y ganas. Gracias a eso, descubrí que quiero (y en algún momento lo haré) retomar esa historia del duende maléfico que tanto me impactó. Gracias a ese “escribir de más”, lo descubrí. Si no, ni siquiera lo habría considerado.

Planificar simplifica el trabajo y lo hace más práctico y efectivo. Es muy posible que, de haber seguido los pasos de la primera lista, el cuento habría estado listo mucho antes. Pero no sé si habría tenido el mismo sabor. A mí me gusta enchastrarme cuando escribo. Siempre hay tiempo de limpiar después.

Con los dos caminos podemos llegar al mismo resultado: terminar el cuento. Me parece que la elección es muy subjetiva y que cada uno/a tiene que ir probando la que le quede mejor. ¡Y estoy segura de que hay muchas formas más! Las vamos descubriendo a medida que nos damos permiso para explorar, “perder el tiempo”, probar y volver a empezar las veces que haga falta.

Así que, mi recomendación es que, cada vez que te digan (o te digas) “esto se hace así”, lo transformes en una pregunta y busques tu propia respuesta. ¿Esto se hace así? ¿Vos cómo lo harías?

¿Querés compartir el posteo? ¡Di que sí, di que sí!