Siempre me fascin贸 esta explicaci贸n de 脥talo Calvino de c贸mo escribi贸 Las ciudades invisibles. Ac谩 la comparto con todos ustedes. (Tengan en cuenta que se trata de una escritura previa a la PC).

C贸mo escribir un libro, por 脥talo Calvino

NOTA PRELIMINAR

En Las ciudades invisibles no se encuentran ciudades reconocibles. Son todas聽inventadas; he dado a cada una un nombre de mujer; el libro consta de cap铆tulos聽breves, cada uno de los cuales deber铆a servir de punto de partida de una reflexi贸n聽v谩lida para cualquier ciudad o para la ciudad en general.

El libro naci贸 lentamente, con intervalos a veces largos, como poemas que fui聽escribiendo, seg煤n las m谩s diversas inspiraciones. Cuando escribo procedo por聽series: tengo muchas carpetas donde meto las p谩ginas escritas, seg煤n las ideas que se聽me pasan por la cabeza, o apuntes de cosas que quisiera escribir. Tengo una carpeta
para los objetos, una carpeta para los animales, una para las personas, una carpeta聽para los personajes hist贸ricos y otra para los h茅roes de la mitolog铆a; tengo una聽carpeta sobre las cuatro estaciones y una sobre los cinco sentidos; en una recojo
p谩ginas sobre las ciudades y los paisajes de mi vida y en otra ciudades imaginarias,聽fuera del espacio y del tiempo. Cuando una carpeta empieza a llenarse de folios, me聽pongo a pensar en el libro que puedo sacar de ellos.

As铆 en los 煤ltimos a帽os llev茅 conmigo este libro de las ciudades, escribiendo聽de vez en cuando, fragmentariamente, pasando por fases diferentes. Durante un聽per铆odo se me ocurr铆an s贸lo ciudades tristes, y en otro s贸lo ciudades alegres; hubo un聽tiempo en que comparaba la ciudad con el cielo estrellado, en cambio en otro
momento hablaba siempre de las basuras que se van extendiendo d铆a a d铆a fuera de聽las ciudades. Se hab铆a convertido en una suerte de diario que segu铆a mis humores y聽mis reflexiones; todo terminaba por transformarse en im谩genes de ciudades: los聽libros que le铆a, las exposiciones de arte que visitaba, las discusiones con mis amigos.
Pero todas esas p谩ginas no constitu铆an todav铆a un libro: un libro (creo yo) es聽algo con un principio y un fin (aunque no sea una novela en sentido estricto), es un聽espacio donde el lector ha de entrar, dar vueltas, quiz谩s perderse, pero encontrando聽en cierto momento una salida, o tal vez varias salidas, la posibilidad de dar con un聽camino para salir. Alguno de vosotros me dir谩 que esta definici贸n puede servir para聽una novela con una trama, pero no para un libro como 茅ste, que debe leerse como se聽leen los libros de poemas o de ensayos o, como mucho, de cuentos. Pues bien, quiero聽decir justamente que tambi茅n un libro as铆, para ser un libro, debe tener una聽construcci贸n, es decir, es preciso que se pueda descubrir en 茅l una trama, un
itinerario, un desenlace.

Nunca he escrito libros de poes铆a, pero s铆 muchos libros de cuentos, y me he聽encontrado frente al problema de dar un orden a cada uno de los textos, problema聽que puede llegar a ser angustioso. Esta vez, desde el principio, hab铆a encabezado聽cada p谩gina con el t铆tulo de una serie: Las ciudades y la memoria, Las ciudades y el deseo,聽Las ciudades y los signos; llam茅 Las ciudades y la forma a una cuarta serie, t铆tulo que聽result贸 ser demasiado gen茅rico y la serie termin贸 por distribuirse entre otras聽categor铆as. Durante un tiempo, mientras segu铆a escribiendo ciudades, no sab铆a si聽multiplicar las series, o si limitarlas a unas pocas (las dos primeras eran聽fundamentales) o si hacerlas desaparecer todas. Hab铆a muchos textos que no sab铆a
c贸mo clasificar y entonces buscaba definiciones nuevas. Pod铆a hacer un grupo con las聽ciudades un poco abstractas, a茅reas, que termin茅 por llamar Las ciudades sutiles.

Algunas pod铆a definirlas como Las ciudades dobles, pero despu茅s me result贸 mejor聽distribuirlas en otros grupos. Hubo otras series que no prev铆 de entrada; aparecieron聽al final, redistribuyendo textos que hab铆a clasificado de otra manera, sobre todo聽como 鈥渕emoria鈥 y 鈥渄eseo鈥, por ejemplo Las ciudades y los ojos (caracterizadas por
propiedades visuales) y Las ciudades y los intercambios, caracterizadas por聽intercambios: intercambios de recuerdos, de deseos, de recorridos, de destinos. Las聽continuas y las escondidas, en cambio, son dos series que escrib铆 adrede, es decir con聽una intenci贸n precisa, cuando ya hab铆a empezado a entender la forma y el sentido
que deb铆a dar al libro. A partir del material que hab铆a acumulado fue como estudi茅 la聽estructura m谩s adecuada, porque quer铆a que estas series se alternaran, se聽entretejieran, y al mismo tiempo no quer铆a que el recorrido del libro se apartase聽demasiado del orden cronol贸gico en que se hab铆an escrito los textos. Al final decid铆
que habr铆a 11 series de 5 textos cada una, reagrupados en cap铆tulos formados por聽fragmentos de series diferentes que tuvieran cierto clima com煤n. El sistema con聽arreglo al cual se alternan las series es de lo m谩s simple, aunque hay quien lo ha聽estudiado mucho para explicarlo.

Todav铆a no he dicho lo primero que deber铆a haber aclarado: Las ciudades聽invisibles se presentan como una serie de relatos de viaje que Marco Polo hace a聽Kublai Kan, emperador de los t谩rtaros. (En la realidad hist贸rica, Kublai, descendiente聽de Gengis Kan, era emperador de los mongoles, pero en su libro Marco Polo lo llama
Gran Kan de los T谩rtaros y as铆 qued贸 en la tradici贸n literaria.) No es que me haya聽propuesto seguir los itinerarios del afortunado mercader veneciano que en el siglo聽XIII hab铆a llegado a China, desde donde parti贸 para visitar, como embajador del聽Gran Kan, buena parte del Lejano Oriente. Hoy el Oriente es un tema reservado a los
especialistas, y yo no lo soy. Pero en todos los tiempos ha habido poetas y escritores聽que se inspiraron en El Mill贸n como en una escenograf铆a fant谩stica y ex贸tica:聽Coleridge en un famoso poema, Kafka en El mensaje del emperador, Buzzati en El聽desierto de los t谩rtaros. S贸lo Las mil y una noches puede jactarse de una suerte parecida:聽libros que se convierten en continentes imaginarios en los que encontrar谩n su espacio聽otras obras literarias; continentes del 鈥渁llende鈥, hoy cuando podr铆a decirse que el聽鈥渁llende鈥 ya no existe y que todo el mundo tiende a uniformarse.

A este emperador melanc贸lico que ha comprendido que su ilimitado poder聽poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, un viajero imaginario le habla聽de ciudades imposibles, por ejemplo una ciudad microsc贸pica que va ensanch谩ndose聽y termina formada por muchas ciudades conc茅ntricas en expansi贸n, una ciudad聽telara帽a suspendida sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana.

Cada cap铆tulo del libro va precedido y seguido por un texto en cursiva en el聽que Marco Polo y Kublai Kan reflexionan y comentan. El primero de ellos fue el聽primero que escrib铆 y s贸lo m谩s adelante, habiendo seguido con las ciudades, pens茅聽en escribir otros. Mejor dicho, el primer texto lo trabaj茅 mucho y me hab铆a sobrado
mucho material, y en cierto momento segu铆 con diversas variantes de esos elementos聽restantes (las lenguas de los embajadores, la gesticulaci贸n de Marco) de los que聽resultaron parlamentos diversos. Pero a medida que escrib铆a ciudades, iba聽desarrollando reflexiones sobre mi trabajo, como comentarios de Marco Polo y del
Kan, y estas reflexiones tomaban cada una por su lado; y yo trataba de que cada una聽avanzara por cuenta propia. As铆 es como llegu茅 a tener otro conjunto de textos que聽procur茅 que corrieran paralelos al resto, haciendo un poco de montaje en el sentido聽de que ciertos di谩logos se interrumpen y despu茅s se reanudan; en una palabra, el
libro se discute y se interroga a medida que se va haciendo.
Creo que lo que el libro evoca no es s贸lo una idea atemporal de la ciudad, sino聽que desarrolla, de manera unas veces impl铆cita y otras expl铆cita, una discusi贸n sobre聽la ciudad moderna. A juzgar por lo que me dicen algunos amigos urbanistas, el libro聽toca sus problem谩ticas en varios puntos y esto no es casualidad porque el trasfondo
es el mismo. Y la metr贸poli de los big numbers no aparece s贸lo al final de mi libro;聽incluso lo que parece evocaci贸n de una ciudad arcaica s贸lo tiene sentido en la聽medida en que est谩 pensado y escrito con la ciudad de hoy delante de los ojos.

驴Qu茅 es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un 煤ltimo聽poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez m谩s dif铆cil vivirlas como聽ciudades. Tal vez estamos acerc谩ndonos a un momento de crisis de la vida urbana y聽Las ciudades invisibles son un sue帽o que nace del coraz贸n de las ciudades invivibles.
Se habla hoy con la misma insistencia tanto de la destrucci贸n del entorno natural聽como de la fragilidad de los grandes sistemas tecnol贸gicos que pueden producir聽perjuicios en cadena, paralizando metr贸polis enteras. La crisis de la ciudad聽demasiado grande es la otra cara de la crisis de la naturaleza. La imagen de la聽鈥渕egal贸polis鈥, la ciudad continua, uniforme, que va cubriendo el mundo, domina
tambi茅n mi libro. Pero libros que profetizan cat谩strofes y apocalipsis hay muchos;聽escribir otro ser铆a pleon谩stico, y sobre todo, no se viene a mi temperamento. Lo que聽le importa a mi Marco Polo es descubrir las razones secretas que han llevado a los聽hombres a vivir en las ciudades, razones que puedan valer m谩s all谩 de todas las聽crisis. Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de聽un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la聽econom铆a, pero estos trueques no lo son s贸lo de mercanc铆as, son tambi茅n trueques de聽palabras, de deseos, de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las im谩genes de聽ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, scondidas en las聽ciudades infelices.

Casi todos los cr铆ticos se han detenido en la frase final del libro: 鈥渂uscar y saber聽reconocer qui茅n y qu茅, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y聽dejarle espacio鈥. Como son las 煤ltimas l铆neas, todos han considerado que es la聽conclusi贸n, la 鈥渕oraleja de la f谩bula鈥. Pero este libro es poli茅drico y en cierto modo聽est谩 lleno de conclusiones, escritas siguiendo todas sus aristas, e incluso no menos聽epigram谩ticas y epigr谩ficas que esta 煤ltima. Es cierto que si esta frase se ubica al final聽del libro no es por casualidad, pero empecemos por decir que el final del 煤ltimo聽cap铆tulo tiene una conclusi贸n doble, cuyos elementos son necesarios: sobre la ciudad
ut贸pica (que aunque no la descubramos no podemos dejar de buscarla) y sobre la聽ciudad infernal. Y a煤n m谩s: 茅sta es s贸lo la 煤ltima parte del texto en cursiva sobre los聽atlas del Gran Kan, por lo dem谩s bastante descuidado por los cr铆ticos, y que desde el聽principio hasta el final no hace sino proponer varias 鈥渃onclusiones鈥 posibles de todo
el libro. Pero est谩 tambi茅n la otra vertiente, la que sostiene que el sentido de un libro聽sim茅trico debe buscarse en el medio: hay cr铆ticos psicoanalistas que han encontrado聽las ra铆ces profundas del libro en las evocaciones venecianas de Marco Polo, como un聽retorno a los primeros arquetipos de la memoria, mientras estudiosos de semiolog铆a聽estructural dicen que donde hay que buscar es en el punto exactamente central del聽libro, y han encontrado una imagen de ausencia, la ciudad llamada Baucis. Es aqu铆聽evidente que el parecer del autor est谩 de m谩s: el libro, como he explicado, se fue
haciendo un poco por s铆 solo, y 煤nicamente el texto tal como es autorizar谩 o excluir谩聽esta lectura o aqu茅lla. Como un lector m谩s, puedo decir que en el cap铆tulo V, que聽desarrolla en el coraz贸n del libro un tema de levedad extra帽amente asociado al tema聽de la ciudad, hay algunos de los textos que considero mejores por su evidencia聽visionaria, y tal vez esas figuras m谩s filiformes (鈥渃iudades sutiles鈥 u otras) son la聽zona m谩s luminosa del libro.
Esto es todo lo que puedo decir.

Italo Calvino

Conferencia pronunciada por Calvino en ingl茅s, el 29 de marzo de 1983, para los聽estudiantes de la Graduate Writing Divisi贸n de la Columbio University de Nueva York

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