¿Te preocupa la ortografía a la hora de escribir?

¿Sentís que es un yunque sobre tu cabeza? (Sí, el dibujo es un yunque)

¿Te da vergüenza admitirlo?

¿Te parece que ya deberías saberlo, que cómo puede ser, que sos una burra, un salame, un corcho o la imagen que esté de turno?

Hace unas semanas hice una encuesta y muchos/as respondieron que se sienten incómodos/as con este tema y que les gustaría solucionarlo. Tengo una buena noticia: ¡se puede!

Pero antes, me gustaría hacer una reflexión al respecto.

Cuando estamos dando los primeros pasos, preocuparse por esto es contraproducente. Porque lo que buscamos es fluir. Avanzar en la escritura. Aprender a escribir escribiendo, en movimiento. Cada vez que pensamos en la forma (sea la ortografía, el uso de los tiempos verbales o las características del cuento) estamos mirando desde el lugar del corrector. Este punto de vista es fundamental para escribir. Pero para poder gozar de su magia necesitamos que empiece a jugar a su debido tiempo.

Pongo dos ejemplos:

*Si hacemos galletitas, primero formamos la masa con los ingredientes y después le damos forma de círculo, estrella, corazón, ¡lo que quieras! ¿Se puede hacer primero la forma y después la masa? ¿Tiene sentido preocuparse por la forma cuando la masa es un bodoque? El bodoque es un paso necesario. Y lo más importante en ese momento es que tenga buena consistencia y que sea rico.

*Este se lo escuché a un escritor (¡No recuerdo quién era! Pero la analogía me quedó grabada). Hablando de las etapas de escritura y corrección de una novela, usó la imagen de un ingeniero que tiene que hacer un túnel para atravesar una montaña. Lo primero es hacer el agujero y llegar al otro lado. No avanza un metro y se pone a enduir y lijar las paredes y ponerle luces para que quede lindo. Primero llega del otro lado. Hace el túnel. Y recién ahí se preocupa por dejarlo “presentable”.

Muchas veces escribimos un párrafo y volvemos a leerlo. Le cambiamos una palabra, otra, lo borramos, lo volvemos a escribir. Y al final nada nos conforma. Te propongo, como antídoto, dejar de corregir aunque sea una vez. Para ver qué se siente. Escribir el texto de un tirón, sin volver atrás. Y dejarlo descansar unos días. ¿Te animás?

Ahora, volviendo al tema de los errores:

Si después de leer esto seguís preocupado/a por la ortografía, mi consejo es que lo soluciones YA MISMO. Es una molestia cotidiana, ya que estamos escribiendo todo el tiempo (si no me creés, mirá tu celular). No da tener ese ruido de fondo permanente. ¡Pare de sufrir!

No hace falta que te estudies todas las reglas. Estoy convencida de que cada uno/a tiene su propia “colección de faltas” y que si las conocemos y las estudiamos, se termina el problema. Así que aquí van los #maugetips de hoy:

1) Enterate de cuáles son tus errores típicos (lo mejor es consultar a un/a profesional, es decir, un/a corrector/a de estilo. No es caro y te puedo recomendar una excelente).

2) Investigá cuál es la versión correcta de ese error (si contrataste a un/a corrector/a, te lo dice directamente).

3) Estate atento/a y registrá cuándo aparece en tu escritura para escribirlo correctamente (esto sí depende 100% de vos).

Todo esto es posible si ADMITIMOS nuestros errores. Parece fácil, pero primero hay que atravesar la VERGÜENZA. ¿De dónde vendrá? Me acuerdo de una maestra que, cuando entregaba un cuaderno muy corregido (usaba verde para marcar las faltas) decía: “esto es un campo de lechugas”. Apuesto a que la imagen quedó grabada en el cerebro de más de uno/a.

El tema del error da para escribir todo el día. En este momento no se me ocurre un estigma peor en el ámbito creativo. No queremos equivocarnos. Nos da bronca, vergüenza, miedo. No nos enseñan a apreciar su potencia, ni a ver la invitación que nos hace, ni a usarlo como materia prima para otra cosa. Lo importante es pintar dentro de la línea. Porque si no, es un mamarracho. ¡Siempre me sublevó esta idea!

Se me ocurre un remedio casero y a la mano para achicar el pánico entre todos/as:

1) Comentá tu top 3 de errores ortográficos.

2) Le busco la vuelta para usarlos de una manera creativa.

3) ¡Dejemos de sufrir por esto!

Empiezo con mis errores estrella:

1) “Revelde” en lugar de “rebelde”: me enseñó que el VERDE es el color de del reBeldía.

2) “Intensión” en lugar de “intención”: hay una TENSIÓN, una potencia muy fuerte cuando tenemos una intenCión.

3) “Quisiera” en lugar de “querría”: me hizo pensar en el uso del Subjuntivo (que siempre está subordinado) y preguntarme qué pasa cuando todos/as tenemos el mismo error. Si se dice “querría” pero todos/as decimos “quisiera”, ¿qué pesa más? ¿La regla o el uso?

¡Tu turno!

¿Cuáles son tus errores más frecuentes?

¡Contame y le buscamos un sentido!