El perfume, de Patrick S√ľskind (fragmento)

El perfume, de Patrick S√ľskind (fragmento)

En el siglo XVIII vivi√≥ en Francia uno de los hombres m√°s geniales y abominables de una √©poca en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aqu√≠ relataremos su historia. Se llamaba Jean-Baptiste Grenouille y si su nombre, a diferencia del de otros monstruos geniales como De Sade, Saint-Just, Fouch√® Napole√≥n, etc√©tera, ha ca√≠do en el olvido, no se debe en modo alguno a que Grenouille fuera a la zaga de estos hombres c√©lebres y tenebrosos en altaner√≠a, desprecio por sus semejantes, inmoralidad, en una palabra, impiedad, sino a que su genio y su √ļnica ambici√≥n se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: al ef√≠mero mundo de los olores. En la √©poca que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a esti√©rcol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilaci√≥n apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a s√°banas grasientas, a edredones h√ļmedos y al penetrante olor dulz√≥n de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidur√≠as, a lej√≠as c√°usticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos ol√≠an a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran j√≥venes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los r√≠os, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el cl√©rigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, si, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII a√ļn no se hab√≠a atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no hab√≠a ninguna acci√≥n humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestaci√≥n de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompa√Īada de alg√ļn hedor. Y, como es natural, el hedor alcanzaba sus m√°ximas proporciones en Par√≠s, porque Par√≠s era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de Par√≠s hab√≠a un lugar donde el hedor se convert√≠a en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronnerie, o sea, el Cimeti√©re des Innocents. Durante ochocientos a√Īos se hab√≠a llevado all√≠ a los muertos del hospital Hotel- Dieu y de las parroquias vecinas, durante ochocientos a√Īos, carretas con docenas de cad√°veres hab√≠an vaciado su carga d√≠a tras d√≠a en largas fosas y durante ochocientos a√Īos se hab√≠an ido acumulando los huesos en osarios y sepulturas. Hasta que lleg√≥ un d√≠a, en v√≠speras de la Revoluci√≥n Francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cad√°veres se hundieron y el olor p√ļtrido del atestado cementerio incit√≥ a los habitantes no s√≥lo a protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin cerrado y abandonado despu√©s de amontonar los millones de esqueletos y calaveras en las catacumbas de Montmartre. Una vez hecho esto, en el lugar del antiguo cementerio se erigi√≥ un mercado de v√≠veres. Fue aqu√≠, en el lugar m√°s maloliente de todo el reino, donde naci√≥ el 17 de julio de 1738 Jean-Baptiste Grenouille. Era uno de los d√≠as m√°s calurosos del a√Īo. El calor se abat√≠a como plomo derretido sobre el cementerio y se extend√≠a hacia las calles adyacentes como un vaho putrefacto que ol√≠a a una mezcla de melones podridos y cuerno quemado. Cuando se iniciaron los dolores del parto, la madre de Grenouille se encontraba en un puesto de pescado de la Rue aux Fers escamando albures que hab√≠a destripado previamente. Los pescados, seguramente sacados del Sena aquella misma ma√Īana, apestaban ya hasta el punto de superar el hedor de los cad√°veres. Sin embargo, la madre de Grenouille no percib√≠a el olor a pescado podrido o a cad√°ver porque su sentido del olfato estaba totalmente embotado y adem√°s le dol√≠a todo el cuerpo y el dolor disminu√≠a su sensibilidad a cualquier percepci√≥n sensorial externa. S√≥lo quer√≠a que los dolores cesaran, acabar lo m√°s r√°pidamente posible con el repugnante parto. Era el quinto. Todos los hab√≠a tenido en el puesto de pescado y las cinco criaturas hab√≠an nacido muertas o medio muertas, porque su carne sanguinolenta se distingu√≠a apenas de las tripas de pescado que cubr√≠an el suelo y no sobreviv√≠an mucho rato entre ellas y por la noche todo era recogido con una pala y llevado en carreta al cementerio o al r√≠o. Lo mismo ocurrir√≠a hoy y la madre de Grenouille, que a√ļn era una mujer joven, de unos veinticinco a√Īos, muy bonita y que todav√≠a conservaba casi todos los dientes y algo de cabello en la cabeza y, aparte de la gota y la s√≠filis y una tisis incipiente, no padec√≠a ninguna enfermedad grave, que a√ļn esperaba vivir mucho tiempo, quiz√° cinco o diez a√Īos m√°s y tal vez incluso casarse y tener hijos de verdad como la esposa respetable de un artesano viudo, por ejemplo… la madre de Grenouille deseaba que todo pasara cuanto antes. Y cuando empezaron los dolores de parto, se acurruc√≥ bajo el mostrador y pari√≥ all√≠, como hiciera ya cinco veces, y cort√≥ con elcuchillo el cord√≥n umbilical del reci√©n nacido. En aquel momento, sin embargo, a causa del calor y el hedor,que ella no percib√≠a como tales, sino como algo insoportable y enervante -como un campo de lirios o un reducidoaposento Patrick S√ľskind El perfume P√°gina 5 de 99 demasiado lleno de narcisos-,cay√≥ desvanecida debajo de la mesa y fue rodando hasta el centro del arroyo, donde qued√≥ inm√≥vil, con el cuchillo en la mano. Gritos, corridas, la multitud se agolpa a su alrededor, avisan a la polic√≠a. La mujer sigue en el suelo con el cuchillo en la mano; poco a poco, recobra el conocimiento. ¬®Qu√© le ha sucedido? –Nada. ¬®Qu√© hace con el cuchillo? –Nada. ¬®De d√≥nde procede la sangre de sus refajos? –De los pescados. Se levanta, tira el cuchillo y se aleja para lavarse. Entonces, de modo inesperado, la criatura que yace bajo la mesa empiezaa gritar. Todos se vuelven, descubrenal reci√©n nacido entre un enjambre de moscas, tripas y cabezas de pescado y lo levantan. Las autoridades lo entregan a una nodriza de oficio y apresan a la madre. Y como √©sta confiesa sin ambages que lo habr√≠a dejadomorir, como por otra parte ya hiciera con otros cuatro, la procesan, la condenan por infanticidio m√ļltiple y dos semanas m√°s tarde la decapitan en la Place de Gr√©ve. En aquellos momentos el ni√Īo ya hab√≠a cambiado tres veces de nodriza. Ninguna quer√≠a conservarlo m√°s de dosd√≠as. Seg√ļn dec√≠an, era demasiado voraz, mamaba por dos, robando as√≠ la leche a otros lactantes y el sustento a las nodrizas, ya que alimentar a un lactante √ļnico no era rentable. El oficial de polic√≠a competente, un tal La Fosse, se cans√≥ pronto del asunto y decidi√≥ enviar al ni√Īo a la central de exp√≥sitos y hu√©rfanos de la lejana Rue Saint-Antoine, desde donde el transporte era efectuado por mozos mediante canastas de rafia en las que por motivos racionales hacinaban hasta cuatro lactantes, y como la tasa de mortalidad en el camino era extraordinariamente elevada, por lo que se orden√≥ a los mozos que s√≥lo se llevaran a los lactantes bautizados y entre √©stos, √ļnicamente a aqu√©llos provistos del correspondiente permiso de transporte, que deb√≠a estampillarse en Run, y como el ni√Īo Grenouille no estaba bautizado ni pose√≠a tampoco un nombre que pudiera escribirse en la autorizaci√≥n, y como, por a√Īadidura, no era competencia de la polic√≠a poner en las puertas de la inclusa a una criatura an√≥nima sin el cumplimiento de las debidas formalidades… por una serie de dificultades de √≠ndole burocr√°tico y administrativo que parec√≠an concurrir en el caso de aquel ni√Īo determinado y porque, por otra parte, el tiempo apremiaba, el oficial de polic√≠a La Fosse se retract√≥ de su decisi√≥n inicial y orden√≥ entregar al ni√Īo a una instituci√≥n religiosa, previa exigencia de un recibo, para que all√≠ lo bautizaran y decidieran sobre su destino ulterior. Se deshicieron de √©l en el convento de Saint-Merri de la Rue Saint-Martin, donde recibi√≥ en el bautismo el nombre de Jean-Baptiste. Y como el prior estaba aquellos d√≠as de muy buen humor y sus fondos para beneficencia a√ļn no se hab√≠an agotado, en vez de enviar al ni√Īo a Run, decidi√≥ criarlo a expensas del convento y con este fin lo hizo entregar a una nodriza llamada Jeanne Bussie, que viv√≠a en la Rue Saint-Denis y a la cual se acord√≥ pagar tres francos semanales por sus cuidados.

Fuente: http://noticias.espe.edu.ec/fracosta/files/2013/03/el-perfume.pdf

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