Excusas para no escribir

¿Qué es una excusa? Según mi amada María Moliner, la palabra significa “justificación que se alega, para uno mismo o para otro, por haber hecho o dejado de hacer cierta cosa”.

¿Y por qué tenemos que justificarnos? Entiendo, sí: no está bien decirle a tu jefe “no hice el informe porque me parece una burocracia inútil” y entonces decimos “tuve que terminar esto otro y no llegué a tiempo”. Mentimos para no quedar mal por lo que pensamos. Y también por lo que hacemos: el jarrón siempre lo rompe el gato. Y desde que tengo memoria, las mesas son malas: se interponen en nuestro camino y nos lastiman sin piedad. Es su culpa. No tenemos la intención de chocarnos con ellas.

La cuestión es que estas pequeñas mentiras tienen una consecuencia nefasta: nos acostumbran a sacarnos la responsabilidad por nuestras acciones (y omisiones) depositándolas en otra cosa/persona/situación. Mentimos tanto que ya no lo notamos. ¿Cuántas veces escuché en el colectivo “Llego en cinco minutos, voy por Córdoba… Es que el tránsito está terrible” y para Córdoba falta media hora de viaje y el tránsito… va como siempre? Creo que ya se convirtió en una compulsión. Excusas everywhere.

Y entonces, como bien dice la definición, además de justificarnos ante los/as demás (para no herirlos/as, no ser rechazados/as, en fin: para que nos quieran), ¡nos justificamos ante nosotros/as mismos/as! Y ya no sabemos qué hay detrás de nuestras excusas.

Por ejemplo, las que yo más escucho en relación a la escritura son:

1) No tengo tiempo para escribir.

2) No tengo plata para hacer un taller de escritura.

3) Estoy muy complicado/a. Cuando me organice, te llamo.

Creo que son tres variantes de lo mismo. En primer lugar quiero decir algo obvio: para escribir no hace falta plata. De todas las artes, es la menos costosa. No tenés que comprar instrumentos ni pinturas ni ningún tipo de equipo especial. Podés hacerlo con un papel cualquiera y una birome. Y encima, si estás leyendo esto, tenés las bases del código incorporadas. Conocés el idioma, lo usás todos los días. Podés empezar ya mismo. ¿No sabés cómo? Aquí va un ejercicio súper accesible que te va a ayudar un montón:

https://www.ceciliamaugeri.com.ar/empezar-a-escribir-en-solo-5-minutos/

El tiempo y la organización van de la mano. Yo creo que un poco de organización está muy bien, pero… ¿de verdad esperamos a estar organizados/as para empezar una actividad que nos gusta? ¿Cuándo llega ese momento? ¿Existe? ¿Es verdadera esa búsqueda de tiempo personal o solamente es algo que “me gustaría” o “sería lindo hacer”?

El tiempo y el espacio para escribir nunca se tienen. SE ROBAN. Hay que escaparse de la rutina, robarle 5 minutos a lo que sea. Hacerse un espacio donde sea. ¡Yo he llegado a escribir en el baño para tener privacidad! Al principio es así: lo hacemos como podemos. Y si insistimos lo suficiente, podemos llegar a regalarnos más tiempo y más espacio. Podemos permitirnos ese lujo. Y hasta tal vez querramos invertir y aprender con un/a maestro/a que nos guste.

Ese fue mi recorrido, a decir verdad. Me abrí tiempo y espacio a codazo limpio. Y empecé muy de a poco. 5 minutos por día. Y después 10. Y después 30… Hoy me doy el lujo de estudiar dramaturgia con los mejores profes a los que puedo acceder. Incluso, a veces, me tomo unos días y me voy a escribir, sola, cuando necesito concentrarme y estar conmigo misma.

Para lograrlo, me hice una pregunta simple: ¿de verdad no tengo tiempo? ¿No será que valoro más otras cosas? Y mi respuesta fue: no. La escritura es importante para mí en serio. No es cierto que no tengo 5 minutos al día para escribir. ¿Entonces por qué no me doy el tiempo? Esa pregunta fue como abrir la caja de Pandora. Si la hacés y respondés sinceramente, te vas a enterar de un montón de cosas. Y es muy probable que no te gusten. Por eso están escondidas atrás de la Gran Mentira de Nuestra Era: “No tengo tiempo”. Nos mentimos así porque no queremos quedar mal con nosotros/as mismos/as.

Preferimos QUEDAR bien antes que ESTAR bien. Simplemente porque, a veces, en el camino para estar bien, la pasamos muy mal. Parece un juego de palabras pero se entiende, ¿no? Para usar un ejemplo que me sucedió hace poco, sería la diferencia entre arreglar una licuadora pegándole la parte que se rompió con cinta y esperando que aguante, y buscar el repuesto correspondiente para “curarla” y que vuelva a funcionar con normalidad. Es más fácil pegar con cinta. Pero tarde o temprano nos vamos a romper de nuevo. Curarse lleva más tiempo y esfuerzo. Pero dura mucho más.

Tener tiempo para una es un lujo. Pero si empezamos realmente a reconocer nuestro valor, se convierte en una necesidad urgente.

¿Vos también lo sentís así? Si te urge, quiero regalarte algo: una guía que inventé para terminar con todas las excusas. Es un entrenamiento creativo que sólo te va a llevar 10 minutos por día.

Espero que al fin todos/as podamos ver nuestro verdadero valor.

Podés descargarla haciendo click en el botón:

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