El plan era tirar la casa por la ventana. Pero era más fácil de decir que de hacer. Había algunas trabas concretas. La primera fue que la casa era más grande que la ventana. Teníamos tres opciones para sobrellevar este problema. Una era tirar la casa por partes. Dos opciones más simples eran agrandar la ventana o achicar la casa. Elegimos la primera porque consideramos que era la más viable. Achicar la casa no se podía. Agrandar la ventana sí, pero haría difícil tirar la casa.
En ese momento nos encontramos con un problema irreductible: la ventana era parte de la casa. Aún cuando pudiéramos achicar la casa y no la ventana, para poder tirar la casa por la ventana necesitábamos tirar también la ventana por ella misma. Podíamos desarmar la estructura de la ventana para que quedara sólo el agujero, pero la ventana es más un concepto que una estructura. También podíamos tirar la ventana por otra ventana. Era una solución parcial. Sí, efectivamente habríamos tirado cada parte de la casa por alguna ventana, pero lo que queríamos era tirar la casa por la ventana, no por las ventanas. Además, hubiéramos tenido que tirar la ventana mientras estaba en pie la otra, con lo cual nos hubiera quedado lejos para tirar el resto de la casa.
Resolvimos entonces tirar todo lo que se pudiera de la casa por la ventana, y dejar la ventana como un testimonio del trabajo cumplido. Para eso necesitábamos dejar una porción de pared en pie. Decidimos que podíamos vivir con eso.
Desensamblamos la parte de la pared que quedaría en pie y nos dedicamos a demoler el resto de la casa. A medida que teníamos cascotes de tamaño adecuado los íbamos tirando por la ventana. Fue un momento inolvidable.
Tiramos los dormitorios, los pasillos, la cocina, los baños, el living, las puertas, las otras ventanas, los sanitarios, los muebles, los techos y las paredes. Cuando quedaba el último cascote, lo tiramos entre todos como un símbolo del deber cumplido.
Una vez que terminamos todo, descansamos unos minutos antes de volver a armar la casa. Veníamos bien de tiempo, según nuestros cálculos llegábamos a reconstruirla antes de que se hiciera de noche. Pero no contamos con un detalle: la casa había caído en el terreno vecino, el dueño consideró que lo que arrojábamos pasaba a ser su propiedad y no nos dejó retirarlo. Con lo cual no pudimos recuperar la casa que tiramos por la ventana.
Ahora estamos ahorrando para hacernos una casa nueva, más grande. Mientras tanto, vivimos en un hotel. No vemos la hora de terminarla. Igual sabemos que antes de que nos demos cuenta la vamos a estar inaugurando, y cuando llegue ese momento va a haber tanta algarabía que organizaremos un festejo acorde a las circunstancias. No vamos a dejar títere con cabeza.

 

Fuente: Nicolás Di Candia