malapalabra es mi primer libro. Empecé a escribirlo en un viaje, sin saber que estaba empezando un libro. El primer poema salió de un tirón y le dio el impulso necesario a toda la escritura que vino después. Fue como sacar el tapón de una bañera llena de agua. Una vez removido el obstáculo, el agua sólo se dedicó a fluir.

Leyéndolo hoy, 10 años después, siento un poco de pudor y mucha ternura por mi yo de los 24 años. Vuelvo a verme luchando entre las emociones y las palabras, peléandome con ciertas ideas, usando las metáforas como el mejor terreno para dar batalla. Lo pongo nuevamente sobre la mesa porque sigo encontrando ahí la alegría de descubrir el juego del lenguaje y la entrega al borbotón de palabras que puja por salir.

Gran parte, sino todo el libro, surge de momentos de catarsis. Sin embargo, hay una búsqueda estética, la voluntad de encontrar algo verdadero en el lenguaje, un punto donde hacer pie. El proceso de armado fue muy caótico. Armaba y desarmaba series de poemas, descartaba la mitad, tomaba versos de aquí y de allá y escribía poemas nuevos. Leía en voz alta, volvía a recortar y a reescribir.

Si tuviera que publicarlo hoy, tendría que empezar todo de cero. Después de 10 años de práctica, la perspectiva cambia muchísimo y queda en evidencia todo lo que “podría estar mejor”. Pero si me pusiera a corregir este libro, a reescribirlo según mi criterio estético actual, sin dudas perdería su esencia. Así que, con todo el pudor que siento al mostrar esta escritura “imperfecta” y con todo el orgullo de haber escrito algo que, en su momento, fue lo mejor que pude dar, vuelvo a compartirlo tal y como lo publiqué en el año 2009.

¡Espero que lo disfrutes!

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