Memorias p贸stumas de Br谩s Cubas, de Machado de Ass铆s

En el taller me preguntaron si exist铆a alg煤n libro en el que un personaje narre su propio entierro. 隆S铆, lo hay! La incre铆ble novela Memorias p贸stumas de Bras Cubas, de Joaquim Mar铆a Machado de Assis. Comparto el comienzo:

Memorias p贸stumas de Br谩s Cubas, de Machado de Ass铆s

I. 脫bito del autor

Alg煤n tiempo he titubeado acerca de si deb铆a abrir estas memorias por el principio o por el fin, esto es, si pondr铆a en primer lugar mi nacimiento o mi muerte. Aunque el uso vulgar sea comenzar por el nacimiento, dos consideraciones me han inclinado a adoptar un m茅todo diferente: la primera es que yo no soy propiamente un autor difunto, sino un difunto autor, para quien la losa sepulcral ha sido otra cuna, y la segunda es que el escrito quedar铆a as铆 m谩s galano y m谩s nuevo. Mois茅s, que tambi茅n cont贸 su muerte, no la puso en el introito, sino en el final: diferencia radical entre este libro y el Pentateuco.
Dicho eso, expir茅 a las dos de la tarde de un viernes del mes de agosto de 1869, en mi hermosa quinta de Catumby. Ten铆a unos sesenta y cuatro a帽os, fuertes y pr贸speros, era soltero, pose铆a cerca de trescientos contos 2 y fui acompa帽ado al cementerio por once amigos. 隆Once amigos! Verdad es que no hubo cartas ni esquelas. Agr茅guese a esto que llov铆a, que se colaba una llovizna menuda, triste y constante, tan constante y tan triste que llev贸 a uno de aquellos fieles de la 煤ltima hora a intercalar esta ingeniosa idea en el discurso que pronunci贸 al borde de mi fosa: 鈥淰osotros que lo conocisteis, se帽ores m铆os, vosotros pod茅is decir conmigo que la naturaleza parece estar llorando la p茅rdida irreparable de uno de los m谩s hermosos caracteres que han honrado a la humanidad. Este aire sombr铆o, estas gotas del cielo, aquellas nubes oscuras que cubren el azul como un f煤nebre cresp贸n, todo eso es el dolor crudo y malo que roe a la Naturaleza hasta en sus m谩s 铆ntimas entra帽as, todo esto es un sublime loor a nuestro ilustre finado.鈥
隆Bueno y fiel amigo! No, no me arrepiento de las veinte p贸lizas que le dej茅. Y as铆 fue como llegu茅 a la clausura de mis d铆as; as铆 fue como me encamin茅 hacia el undiscovered country de Hamlet, sin las ansias ni las dudas del joven pr铆ncipe, sino lento y reposado, como alguien que se retira tarde del espect谩culo. Tarde y aburrido. Me vieron ir unas nueves o diez personas, entre ellas tres se帽oras: mi hermana Sabina, casada con Cotrim; su hija 鈥攗n lirio del valle鈥, y… 隆tened paciencia! dentro de poco os dir茅 qui茅n era la tercera se帽ora. Por ahora contentaos con saber que esa mujer an贸nima, aunque no era parienta m铆a, padeci贸 m谩s que las parientas.

Es verdad, padeci贸 m谩s. No digo que se arrancase los cabellos, no digo que se revolcase por el suelo, convulsa. Tampoco mi 贸bito era una cosa altamente dram谩tica… Un solter贸n, que expira a los sesenta y cuatro a帽os, no parece reunir en s铆 todos los elementos de una tragedia. Y, suponiendo lo contrario, lo que menos conven铆a a esa se帽ora an贸nima era aparentarlo. De pie, a la cabecera de la cama, los ojos est煤pidos, la boca entreabierta, la triste se帽ora mal pod铆a creer en mi extinci贸n.

鈥斅uerto! 隆Muerto! 鈥攄ec铆a para s铆.

Y su imaginaci贸n, como las cig眉e帽as que un ilustre viajero vio tender el vuelo desde el Iliso hasta las riberas africanas, pese a las ruinas y a los tiempos, la imaginaci贸n de esa se帽ora vol贸 tambi茅n por encima de los estragos presentes hasta las riberas de un Africa juvenil… Dejadla ir; all谩 iremos m谩s tarde; all谩 iremos cuando ya me restituya a los primeros a帽os. Por ahora quiero morir tranquilamente, met贸dicamente, oyendo los sollozos de las damas, las conversaciones en voz baja de los hombres, la lluvia que tamborilea en las hojas de aro de la quinta y el sonido estridente de una navaja que un amolador est谩 afilando all谩 afuera, a la puerta de un talabartero. Os juro que esa orquesta de la muerte fue mucho menos triste de lo que podr铆a parecer. Desde cierto punto en adelante lleg贸 a ser deliciosa. La vida se debat铆a en mi pecho, con unos 铆mpetus de ola marina, vanec铆aseme la conciencia, o descend铆a a la inmovilidad f铆sica y moral, y el cuerpo se me hac铆a planta, y piedra, y lodo, y nada.

Mor铆 de una neumon铆a; pero si digo que fue menos la neumon铆a que una idea grandiosa y 煤til la causa de mi muerte, es posible que el lector no me crea. Voy a exponerle sumariamente el caso. J煤zguelo por s铆 mismo.

Machado de Ass铆s

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