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Mi primer concierto, de Felisberto Hern√°ndez

Mi primer concierto

Mi primer concierto, de Felisberto Hern√°ndez

El d√≠a de mi primer concierto tuve sufrimientos extra√Īos y alg√ļn conocimiento imprevisto de m√≠ mismo. Me hab√≠a levantado a las seis de la ma√Īana. Esto era contrario a mi costumbre, ya que de noche no s√≥lo tocaba en un caf√© sino que tardaba en dormirme. Y algunas noches al llegar a mi pieza y encontrarme con un peque√Īo piano negro que parec√≠a un sarc√≥fago, no pod√≠a acostarme y entonces sal√≠a a caminar. As√≠ me hab√≠a ocurrido la noche antes del concierto. Sin embargo, al otro d√≠a me encerr√© desde muy temprano en un teatro vac√≠o. Era m√°s bien peque√Īo y la baranda de la tertulia estaba hecha de columnas de lat√≥n pintadas de blanco. All√≠ ser√≠a el concierto. Ya estaba en el escenario el piano; era viejo, negro y lo rodeaban papeles rojos y dorados: representaban una sala. Por algunos agujeros entraban rayos de sol empolvados y en el techo el aire inflaba telas de ara√Īa. Yo ten√≠a desconfianza de m√≠, y aquella ma√Īana me puse a repasar el programa como el que cuenta su dinero porque sospecha que en la noche lo han robado. Pronto me di cuenta que yo no pose√≠a todo lo que pensaba. La primera sospecha la hab√≠a tenido unos d√≠as antes; fue en el momento de comprometer mi palabra con los due√Īos del teatro; me vino un calor extra√Īo al est√≥mago y tuve el presentimiento de un peligro inmediato. Reaccion√© yendo a estudiar enseguida; pero como ten√≠a varios d√≠as por delante, pronto empec√© a calcular con el mismo error de siempre lo que podr√≠a hacer con el tiempo que me quedaba. S√≥lo en la ma√Īana del concierto me di cuentas de todas las concesiones que me hac√≠a cuando estudiaba y que ahora, no s√≥lo no hab√≠a llegado a lo que quer√≠a, sino que no lo alcanzar√≠a ni con un a√Īo m√°s de estudio. Pero donde m√°s sufr√≠a, era en la memoria. En cualquier pasaje que se me ocurriera comprobar si pod√≠a hacer lentamente todas las notas, me encontraba con que en ning√ļn caso las recordaba. Estaba desesperado y me fui a la calle. A la vuelta de una esquina me encontr√© con un carro que ten√≠a a los costados dos grandes carteles con mi nombre en letras inmensas. Aquello me descompuso m√°s. Si las letras hubieran sido m√°s chicas, tal vez mi compromiso hubiera sido menor; entonces volv√≠ al teatro, trat√© de estar sereno y pensar en lo que har√≠a. Me hab√≠a sentado en la platea y miraba el escenario, donde el piano estaba solo y me esperaba con su negra tapa levantada. A poca distancia de mi asiento estaban las butacas donde acostumbraban a sentarse dos hermanos m√≠os; y detr√°s de ellos se sentaba una familia que hab√≠a criticado, horrorizada, un concierto en que hab√≠an tomado parte muchachas de all√≠; en pleno escenario las muchachas se agarraban la cabeza y despu√©s se retiraban del piano buscando la salida; parec√≠an gallinas asustadas. Fue en el instante de recordar eso, cuando a m√≠ se me ocurri√≥ por primera vez ensayar la presentaci√≥n de un concierto en lo que √©l tuviera de teatral. Primero revis√© bien todo el teatro para estar seguro de que nadie me ver√≠a y enseguida empec√© a ensayar la cruzada del escenario; iba desde la puerta del decorado hasta el piano. La primera vez entr√© tan ligero como un repartidor apurado que va a dejar la carne encima de una mesa. √Čsa no era la manera de resolver las cosas. Yo tendr√≠a que entrar con la lentitud del que va a dar el concierto vigesimocuarto de la decimonovena temporada; casi con aburrimiento; y no deb√≠a lanzarme cuando mi vanidad estuviera asustada; deb√≠a dar la impresi√≥n de llevar con descuido, algo propio, misterioso, elaborado en una vida desconocida. Empec√© a entrar lentamente; supuse con bastante fuerza la presencia del p√ļblico y me encontr√© con que no pod√≠a caminar bien y que al poner atenci√≥n en mis pasos yo no sab√≠a c√≥mo caminaba yo; entonces trat√© de pasear distra√≠do por otro lado que no fuera el escenario y de copiarme mis propios pasos. Algunas veces pude sorprenderme descuidado; pero aun cuando llevaba el cuerpo flojo y quer√≠a ser natural, experimentaba distintas maneras de andar: mov√≠a las caderas como un torero, o iba duro como si llevara una bandeja cargada, o me inclinaba hacia los lados como un boxeador.

Despu√©s me encontr√© con otra dificultad grande: las manos. Ya me hab√≠a parecido feo que algunos concertistas, en el momento de saludar al p√ļblico, dejaran colgar y balancearse los brazos, como si fueran p√©ndulos. Ensay√© caminar llev√°ndolos al mismo ritmo que los pasos; pero eso resultaba mejor para una parada militar. Entonces se me ocurri√≥ algo que por mucho tiempo cre√≠ novedoso; entrar√≠a tom√°ndome el pu√Īo izquierdo con la mano derecha, como si fuera abroch√°ndome un gemelo. (A√Īos despu√©s un actor me dijo que aquello era una vulgaridad y que la llamaban “la pose del bailar√≠n”; entonces, ri√©ndose, imit√≥ los pasos de una danza y alternativamente se iba tomando el pu√Īo izquierdo con la mano derecha y despu√©s el pu√Īo derecho con la mano izquierda.)

Ese d√≠a almorc√© apenas y pas√© toda la tarde en el escenario. A la nochecita vino el electricista y combinamos las penumbras de la sala y la escena. Despu√©s me prob√© el smoking que me hab√≠a regalado un amigo; era muy chico y me dej√≥ inmovilizado; con √©l hubiera tenido que dar por in√ļtiles todos los ensayos de naturalidad y soltura; adem√°s, en cualquier momento pod√≠a romp√©rseme. Por fin decid√≠ utilizar mi traje de calle; todo tendr√≠a m√°s naturalidad; claro que tampoco me parec√≠a bien lo que fuera demasiado familiar; yo hubiera querido levantar, al mismo tiempo, algo extra√Īo; pero yo estaba muy cansado y sent√≠a en las axilas las lastimaduras que me hab√≠a dejado el smoking. Entonces me fui a esperar la hora del concierto en la penumbra de la platea. Apenas me quedaba un instante quieto me volv√≠a el empecinamiento de querer recordar las notas de un pasaje cualquiera; era in√ļtil que tratara de desecharlo; el √ļnico alivio consist√≠a en ir a buscar la m√ļsica y fijarme en las notas.

Un rato antes del concierto llegaron los dos hermanos amigos m√≠os y el afinador. Les dije que me esperaran un momento y me encerr√© en el camar√≠n, porque si no hubiese terminado el pasaje que repasaba no hubiera tenido un instante de tranquilidad. Despu√©s, cuando hablara con ellos, tendr√≠a la atenci√≥n ocupada y no empezar√≠a a recordar ning√ļn otro pasaje. Todav√≠a no hab√≠a nadie en la sala. Uno de ellos se asom√≥ a la puerta del decorado y mir√≥ el piano negro como si se tratara de un f√©retro. Y despu√©s todos me hablaban tan bajo como si yo fuera el deudo m√°s allegado al muerto. Cuando empez√≥ a entrar la gente, hicimos peque√Īos agujeros en el decorado y mir√°bamos al p√ļblico un poco agachados y como desde una trinchera. A veces el piano, como un gran ca√Ī√≥n, imped√≠a ver una zona grande de la platea. Yo iba a ver un poco por los agujeros de los otros como un oficial que les fuera dando √≥rdenes. Deseaba que hubiera poca gente porque as√≠ el desastre se comentar√≠a menos; adem√°s habr√≠a un promedio menor de entendidos. Y todav√≠a tendr√≠a en mi favor todo lo que hab√≠a ensayado en escena para la gente que no pudiera juzgar directamente la m√ļsica. Y aun los que entendieran poco, dudar√≠an. Entonces empec√© a envalentonarme y a decirles a mis amigos:

-¬°Parece mentira! ¬°La indiferencia que hay para estas cosas! ¬°Cu√°ntos sacrificios in√ļtiles!

Después empezó a venir más gente y yo me sentí aflojar; pero me frotaba las manos y les decía:

-Menos mal, menos mal.

Parecía que ellos también tuvieran miedo. Entonces yo, en un momento dado, hice como que recién me daba cuenta que ellos podrían estar preocupados y empecé a hablarles subiendo la voz:

-Pero, d√≠ganme una cosa… ¬ŅUstedes est√°n preocupados por m√≠? ¬ŅUstedes creen que es la primera vez que me presento en p√ļblico y que voy a ir al piano como si fuera a un instrumento de tortura? ¬°Ya lo ver√°n! Hasta ahora me call√© la boca. Pero esperaba esta noche para despu√©s decirles, a esas profesoras que charlan, c√≥mo “un pianista de caf√©” -yo hab√≠a ido contratado a tocar en un caf√©- puede dar conciertos; porque ellas no saben que puede ocurrir lo contrario, que en este pa√≠s un pianista de concierto tenga que ir a tocar a un caf√©.

Aunque mi voz no se oía desde la sala, ellos trataron de calmarme.

Ya era la hora; mand√© tocar la campana y le ped√≠ a mis amigos que se fueran a la platea. Antes de irse me dijeron que vendr√≠an al final y me transmitir√≠an los comentarios. Di orden al electricista de dejar la sala en penumbra; hice memoria de los pasos, me tom√© el gemelo del pu√Īo izquierdo con la mano derecha y me met√≠ en el escenario como si entrara en el resplandor pr√≥ximo a un incendio. Aunque miraba mis pasos desde arriba, desde mis ojos, era m√°s fuerte la suposici√≥n con que me representaba mi manera de caminar vista desde la platea, y me rodeaban pensamientos como pajarracos que volaran obstaculiz√°ndome el camino; pero yo caminaba con fuerza y trataba de ver c√≥mo mis pasos cruzaban el escenario.

Hab√≠a llegado a la silla y todav√≠a no aparec√≠an los primeros aplausos. Al fin llegaron y tuve que inclinarme a saludar interrumpiendo el movimiento con que hab√≠a empezado a sentarme. A pesar de este peque√Īo contratiempo trat√© de seguir desarrollando mi programa. Mir√© al p√ļblico de una manera m√°s bien general y distra√≠da; pero alcanc√© a ver en la penumbra el color blancuzco de las caras como si hubieran sido de c√°scaras de huevo. Y encima del terciopelo de la baranda hecha de columnitas de lat√≥n pintadas de blanco vi sembrados muchos pares de manos. Entonces yo puse las m√≠as en el piano, dej√© escapar acordes repetidos velozmente y enseguida me volv√≠ a quedar quieto. Despu√©s, y seg√ļn mi programa, deb√≠a mirar unos instantes el teclado como para concentrar el pensamiento y esperar la llegada de la musa o del esp√≠ritu del autor. -Era el de Bach y deb√≠a estar muy lejano-. Pero sigui√≥ entrando gente y tuve que cortar la comunicaci√≥n. Aquel inesperado descanso me reconfort√≥; volv√≠ a mirar a la sala y pens√© que estaba en un mundo posible. Sin embargo, al pasar unos instantes sent√≠ que me iba a alcanzar aquel miedo que hab√≠a dejado atr√°s hac√≠a un rato. Trat√© de recordar las teclas que interven√≠an en los primeros acordes; pero enseguida tuve el presentimiento de que por ese camino me encontrar√≠a con alg√ļn acorde olvidado. Entonces me decid√≠ a atacar la primera nota. Era una tecla negra; puse el dedo encima de ella y antes de bajarla tuve tiempo de darme cuenta que todo iba a empezar, que estaba preparado y que no deb√≠a demorar m√°s. El p√ļblico hizo un silencio como el vac√≠o que se siente antes del accidente que se ve venir. Son√≥ la primera nota y parec√≠a que hubiera ca√≠do una piedra en un estanque. Al darme cuenta que aquello hab√≠a ocurrido sent√≠ como una se√Īal que me ofusc√≥ y solt√© un acorde con la mano abierta que son√≥ como una cachetada. Segu√≠ trabado en la acci√≥n de los primeros compases. De pronto me inclin√© sobre el piano, lo apagu√© bruscamente y empec√© a picotear un “pian√≠simo” en los agudos. Despu√©s de este efecto se me ocurri√≥ improvisar otros. Met√≠a las manos en la masa sonora y la moldeaba como si trabajara con una materia pl√°stica y caliente; a veces me deten√≠a modificando el tiempo de rigor y ensayaba dar otra forma a la masa; pero cuando ve√≠a que estaba a punto de enfriarse, apresuraba el movimiento y la volv√≠a a encontrar caliente. Yo me sent√≠a en la c√°mara de una mago. No sab√≠a qu√© sustancias hab√≠a mezclado √©l para levantar este fuego; pero yo me apresuraba a obedecer apenas √©l me suger√≠a una forma. De pronto ca√≠a en un tiempo lento y y la llama permanec√≠a serena. Entonces yo levantaba la cabeza inclinada hacia un lado y ten√≠a la actitud de estar hincado en un reclinatorio. Las miradas del p√ļblico me daban sobre la mejilla derecha y parec√≠a que me levantar√≠an ampollas. Apenas termin√© estallaron los aplausos. Yo me levant√© a saludar con parsimonia, pero ten√≠a una gran alegr√≠a. Cuando me volv√≠ a sentar segu√≠a viendo las columnitas de la tertulia y las manos aplaudiendo.

Todo ocurr√≠a sin novedad hasta que llegu√© a una “Cajita de M√ļsica”. Yo hab√≠a corrido la silla un poco hacia los agudos para estar m√°s c√≥modo; y las primeras notas empezaron a caer como gotas al principio de una lluvia. Estaba seguro que aquella pieza no iba m√°s mal que las anteriores. Pero de pronto sent√≠ en la sala murmullos y hasta cre√≠ haber o√≠do risas. Empec√© a contraerme como un gusano, a desconfiar de mis medios y a entorpecerlos. Tambi√©n cre√≠ haber visto moverse una sombra alargada sobre el piso del escenario. Cuando pude echar una mirada fugaz me encontr√© con que realmente hab√≠a una sombra; pero estaba quieta. Segu√≠ tocando y segu√≠an en la sala los murmullos. Aunque no miraba, ahora ve√≠a que la sombra hac√≠a movimientos. No iba a pensar en nada monstruoso; ni siquiera en que alguien quisiera hacerme una broma. En un pasaje relativamente f√°cil vi que la sombra mov√≠a un largo brazo. Entonces mir√© y ya no estaba m√°s. Volv√≠ a mirar enseguida y vi un gato negro. Yo estaba por terminar la pieza y la gente aument√≥ el murmullo y las risas. Me di cuenta que el gato se estaba lavando la cara. ¬ŅQu√© har√≠a con √©l? ¬ŅLo llevar√≠a para adentro? Me pareci√≥ rid√≠culo. Termin√©, aplaudieron y al pararme a saludar sent√≠ que el gato me rozaba los pantalones. Yo me inclinaba y sonre√≠a. Me sent√© y se me ocurri√≥ acariciarlo. Pas√≥ el tiempo prudente antes de iniciar la obra siguiente y no sab√≠a qu√© hacer con el gato. Me parec√≠a rid√≠culo perseguirlo por el escenario y ante el p√ļblico. Entonces me decid√≠ a tocar con √©l al lado; pero no pod√≠a imaginar, como antes, ninguna forma que pudiera realizar o correr detr√°s de ninguna idea: pensaba demasiado en el gato. Despu√©s pens√© en algo que me llen√≥ de temor. En la mitad de la obra hab√≠a unos pasajes en que yo deb√≠a dar zarpazos con la mano izquierda; era del lado del gato y no ser√≠a dif√≠cil que √©l tambi√©n saltara sobre el teclado. Pero antes de llegar all√≠ me hab√≠a hecho esta reflexi√≥n: “Si el gato salta, le echar√°n las culpas a √©l de mi mala ejecuci√≥n.” Entonces me decid√≠ a arriesgarme y a hacer locuras. El gato no salt√≥; pero yo termin√© la pieza y con ella la primera parte del concierto. En medio de los aplausos mir√© todo el escenario; pero el gato no estaba.

Mis amigos, en vez de esperar el final, vinieron a verme en el intervalo y me contaron los elogios de la familia que se sentaba detr√°s de ellos y que tanto hab√≠a criticado en el concierto anterior. Tambi√©n hab√≠an hablado con otros y hab√≠an resuelto darme un peque√Īo lunch despu√©s del concierto.

Todo termin√≥ muy bien y me pidieron dos piezas fuera del programa. A la salida y entre un mont√≥n de gente, sent√≠ que una muchacha dec√≠a: “Cajita de M√ļsica, es √©l.”

Felisberto Hern√°ndez

Fuente: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/hndz/mi_primer_concierto.htm

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