¿Qué opinás de mi texto?

¿Te gusta?

¿Es bueno?

¿Te parece que le puede interesar a alguien?

Últimamente estuve recibiendo muchas consultas de este estilo, y quiero aclarar algo: yo no soy una cazadora de talentos.

Cada vez que alguien se acerca  a mí con alguna de estas preguntas, me acuerdo de Cartas a un joven poeta, de Rilke (“Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas…”) y de mi propio comienzo como escritora. Me refiero al momento en que descubrí que escribía y que me gustaba lo que estaba haciendo. Los que recuerdan esta situación, sabrán de la sorpresa al ver cómo, sin darse cuenta, se reconocieron dentro del proceso creativo. Una sensación muy poderosa, como la del niño que descubre, por ejemplo, que de pronto está andando en bicicleta por sus propios medios. Ese momento mágico en el que el pensamiento estrella es “¡Mirá lo que puedo hacer! ¡Qué increíble!”. Sin dudas, es un momento para atesorar. Y además, es necesario, porque es esa sensación de maravilla la que nos lleva a querer compartir lo que escribimos (o pintamos, o cantamos, o actuamos… ).

Sin embargo, si este estado se prolonga demasiado o no podemos salir de él, es imposible crecer como artistas, porque, en lugar de buscar un diálogo con los demás a través del texto y estar dispuestos a recibir otros puntos de vista, vamos a estar esperando la aprobación (que nos deja en el mismo lugar en el que estamos) o la desaprobación (que nos anula para continuar escribiendo) y, cada vez que recibamos una devolución, vamos a preguntar “¿eso es bueno o es malo?” sin escuchar el contenido de la frase porque estamos demasiado pendientes del “me gusta/ no me gusta”.

Entonces les propongo, a los que recién empiezan, cambiar la pregunta “¿Es bueno lo que hago?” por “¿Cuál es el próximo paso para que lo que hago crezca?”. Por supuesto, la respuesta a esa pregunta implica un trabajo. En cambio, con la reacción “me gusta/ no me gusta” nos quedamos estancados en el mismo lugar. Es más cómodo, pero ¿es realmente lo que queremos?

Como decía al comienzo, no soy una cazadora de talentos. Pero sí puedo ser un sabueso, una guía entrenada, con todos los sentidos alerta para meterme en el texto a buscar la pista que responde a la pregunta “¿cómo seguir?”.

Por todo esto, a los que estén dispuestos a trabajar para salir del lugar cómodo de la adulación y el rechazo, les dedico esta carta de Rilke.

Aclaración: El poeta propone preguntarse si uno DEBE escribir y lo lleva a una cuestión de vida o muerte (“inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir”), como el escritor romántico que es. Esto puede sonar demasiado dramático en nuestro tiempo, pero pueden tomarlo como una pregunta sincera, un momento de honestidad consigo mismos para recordar qué es lo que los movilizó a escribir (o a pintar, o a cantar, o a actuar…) en un comienzo, antes de que la opinión de los demás se volviera más importante que el arte en sí.

Sin más preámbulos, los invito a leer una de las cartas haciendo click AQUÍ.