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Tenés razón, fuimos a Miami, pero no es lo mismo. Ahí fuimos a comprar sin parar, eso es lo que hace un turista. Pero yo escuché en el programa «Yendo por el mundo» a Pepe Ibáñez que explicaba la diferencia entre un turista y un viajero. Turista es cuando vas donde te llevan como un borrego y no ves nada de lo que hay alrededor, como si tuvieras anteojeras. Decime, ¿acaso te conté algo de cuando fui a Miami? Si vi dos shopping y tres palmeras. Pero ahora, ¡todo lo que tengo para contar! Y además, había visto las fotos de Nápoles y Capri en el suplemento de los domingos y le dije a Aldo: «Nosotros vamos a ir ahí». Como con él nunca se sabe, ni te dice que sí ni que no, tenés que hacerle firmar un documento escrito para asegurarte de lo que quiere. ¿Qué será eso? Lo leí en un artículo “Personalidad”. No, bueno, me olvidé. Les hice hacer unos ahorros perros porque a Leo no lo íbamos a dejar; además, con la mano en el corazón, Leo estudia italiano, yo quería que estudiara inglés que siempre es más útil, y pensé: “Ahora es tiempo de que el italiano nos rinda”. Pero era como si ellos no comprendieran un proyecto, no sé en qué mundo viven los hombres; cuando les ponía el arroz, los huevos y las salchichas, Leo empezaba “¡Pero mamá, pero mamá!” con esa voz ronca (pobre ángel, está cambiando la voz). Y Aldo revolvía el arroz como si fuera a convertirlo en crema, que me saca de quicio. No creas, allá también me sacaron de quicio. Vieras la habitación del hotel, toda con muebles de otros siglos (dormimos los tres juntos porque allá se usa así). Aldo levantó la colcha como si fuera la capa de un fantasma para ver lo que había abajo, siempre anda investigando todo como si buscara algún secreto, y Leo miró la cómoda redonda con las patas combadas y dijo: “¡Qué cascajo pedorro!”. Ese chico es capaz de decir cualquier cosa y para peor, delante de la gente. Aldo sacó la guía y yo dije:

-Nosotros no vamos a ir por donde va todo el mundo; vamos a recorrer esas callecitas que van todo en redondo. Y si nos perdemos, mejor.

A ellos no les gustó la idea de perderse porque no tienen imaginación, cuántas veces yo soñé que caminaba todo derecho y llegaba a un lugar desconocido, era como si fuera otra. Entonces para convencerlo le dije:

-Caminemos todo derecho y después pegamos la vuelta por la calle de al lado.

 

Imagen: Perfil.

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